La naturaleza dispuso las piezas de un juego que todavía sigue disputándose, un juego perfectamente diseñado, y los humanos siendo un mero engranaje en un colosal mecanismo llamado universo.

No puedes sentir ser algo que no eres; la propia definición no lo permite. Un triángulo con 4 lados no es un triángulo, es un cuadrilátero. Un hombre no es una mujer. Se denomina disforia de género. Naces con un sexo definido, que surge en el momento que el óvulo es fecundado, cuando se concretan todos nuestros rasgos genéticos. Los seres vivos funcionan así. De hecho, su principal objetivo es el de reproducirse, y es por eso que la naturaleza les asigna una sexualidad, para ocupar un rol reproductivo.

La creencia personal de quién somos, no viene definida por un gen, sino que la construimos nosotros mismos a lo largo de nuestro desarrollo social y cultural y estos factores pueden desviarnos de lo que biológicamente somos. Normalmente suele ser pasajero y a lo largo de los años lo acabamos aceptando.

Normalizándola solo se consigue confundir a las personas, y no se trata el problema desde el fondo.

Tratamientos hormonales u otros a adolescentes son una irresponsabilidad, que lejos de ayudar agravan el problema, además de jugar con su salud con efectos irrecuperables, ya que afectan directamente en el crecimiento del joven. Es un grupo vulnerable, que todavía no se ha desarrollado, y no tiene claro quién es o quién va a ser.

El cambio de sexo no es real, el ADN que lo determina sigue siendo el mismo, tan solo trata de ocultar las características físicas externas que caracterizan a uno u otro sexo, pero en el fondo el resto sigue igual, las características mentales y las diferencias de los órganos no cambian. Es como un disfraz que se coloca por encima.

El mayor de los males para la transexualidad es el reciente apoyo que está recibiendo por parte de la sociedad, alentada por un espíritu de respeto y tolerancia hacia cualquier comportamiento considerado como rebelde, cegada por la ignorancia. Por ejemplo, se ha conseguido que la OMS deje de tratarlo como un desorden psicológico.

No pido que se prohíba porque atenta contra la libertad individual, pero sí pido que no se fomente, y que se conciencie y trate a los pacientes psicológicamente antes de recibir un tratamiento tan agresivo sin marcha atrás.

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