Los seres humanos trabajamos para añadir un valor añadido a la sociedad, en forma de un servicio, que aumenta el bienestar social. Este valor añadido se valora con una remuneración económica, que representa (en principio) el supuesto valor que hemos añadido. Esta remuneración podemos intercambiarla por otros servicios que han añadido otras personas a la sociedad. Es así porque es más eficiente que cada uno se especialice en un único solo servicio, que no que tenga que saber hacer de todo y ser autosuficiente. Es la ventaja comparativa y beneficios de escala.
El gran problema es cuando la propia remuneración pierde su sentido original y deja de ser retribuida en función del valor que añadimos. Trabajar en la bolsa o especulando no es un trabajo en sí mismo, no aporta nada y no beneficia el bienestar social. Simplemente se trata de un juego. Es por eso que vivir de este tipo de trabajos es perjudicial para el resto. El máximo excedente social se conseguirá cuando todos podamos aportar lo máximo posible según nuestras cualidades, y esto a la vez maximiza el bienestar individual. Como el postulado de Adam Smith, pero corregido para este tipo de casos en el que el sistema falla, que en realidad no deja de ser lo mismo.

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